Fandango, el encanto de la sabana

Por: Rafael Vásquez Drago[1]

La plaza está a reventar, el pueblo espera ansioso el inicio del jolgorio musical, y siendo aproximadamente las nueve horas después de haber pasado el meridiano, las notas musicales de una trompeta retumban en el centro de dicho lugar indicando que se da inicio a la celebración de un majestuoso fandango en el que las personas bailaran hasta que el cansancio de sus piernas lo permitan.

El alborozo popular se multiplica cuando más danzantes se acercan a ser parte integrante de la gran rueda que gira alrededor de la banda de músicos en contra de las manecillas del reloj.  La música junto con cada trago de ron tomado y la incandescente luz que emiten aquel manojo de velas sostenido por  las mujeres, son los detonantes de la alegría, dicho estado de ánimo se refleja cuando hombres y mujeres al unísono hacen vibrar sus cuerdas bucales a un elevado volumen, esto es conocido en la cultura sabanera como guapirreo.

El fandango, es uno de los ritmos musicales que al igual que la cumbia, el porro entre otros, hacen parte de la muestra cultural de la región caribe colombiana más específicamente de la cultura sabanera de los departamentos de Córdoba y Sucre. Es definido por el diccionario de la Real Academia Española como “un bullicio o alboroto”. Datan como orígenes de este ritmo musical los encuentros nocturnos realizados por negros esclavos en las plazas de los lugares donde residían. Para aquella época la danza era amenizada por gaitas y tambores, así como por un grupo de mujeres denominadas  las cantadoras, quienes con cantos entonaban un sin número de versos que nacían de su inspiración y relacionado con las diferentes actividades que realizaban para sus dueños así como mofas que tenían para ellos, sin que los mismos se dieran cuenta.

La iglesia católica fue uno de los principales impugnantes para que este tipo de celebraciones se llevara a cabo, debido a que estos espectáculos como eran llamados contrariaban la moral y las buenas costumbres de la época. Fue así como a mediados del siglo XVIII el obispo encargado de la arquidiócesis de Cartagena envió una comunicación al Rey en  España dándole a conocer todos y cada uno de los pormenores de aquellos denominados bailes inmorales. A pesar de esto el Rey decidió que estos bailes se siguieran llevando a cabo, fundando su decisión en los esclarecimientos que le proporciono el Gobernador de la provincia de Cartagena en carta del 18 de mayo de 1770 y de la cual se puede resaltar “Señor: los bailes o fandangos sobre que su majestad por su real cédula de 25 de octubre último me pide que informe, se reducen a una rueda, la mitad de ella toda de hombres y la otra mitad toda de mujeres, en cuyo centro, al son de un tambor y canto de varias coplas a semejanza de lo que se ejecuta en Vizcaya, Galicia y otras partes de esos reinos, bailan un hombre y una mujer; luego se retiran a la rueda ocupando con la separación apuntada el lugar que les toca, y así sucesivamente alternándose continúan hasta que les plazca el baile, en el cual no se encuentra circunstancia alguna torpe y deshonesta, porque ni el hombre se toca con la mujer ni las coplas son indecentes…”. Fue entonces cuando los fandangos resurgieron a la plaza pública.[2]

 A diferencia de la forma como se amenizaban este tipo de bailes para la época de su génesis; hoy día debido al proceso de industrialización generado en Inglaterra a raíz de la denominada Revolución Industrial; las gaitas han sido reemplazadas por sofisticados instrumentos musicales de viento-metal (Trompetas, bombardinos, tubas, trombones y clarinetes), las maracas y tambores encontraron reemplazo por instrumentos de percusión y acompañamiento de los cuales se pueden mencionar, el redoblante o caja, los platillos y el bombo o tambor,  finalmente  los cantos fueron excluidos. Los pequeños grupos de ejecutantes aumentaron hasta alcanzar  un número que oscila entre los 16 a 20 integrantes los cuales forman y hacen parte de las denominadas bandas de músicos. En la actualidad se destacan bandas tales como: La Súper Banda de Colomboy[3], Banda Juvenil de Chochó[4] y la Banda San Juan Bautista de Caimito[5].

El fandango sigue siendo considerado como uno de los bailes que identifican a la región de la sabana de los departamentos de Sucre y Córdoba. Hace gala de importantes celebraciones de la región, –aunque no como se presentaba anteriormente-  tales como, corralejas, desfiles eventos sociales, entre otros. En las corralejas este ritmo musical no se muestra como años atrás se hacía. Por diversas manifestaciones de inseguridad que en estos bailes se estaban presentando las autoridades tanto locales como policiales han ido  restringiendo el horario de terminación de los mismos, que primitivamente se postergaban hasta altas horas de la madrugada, incluso, muchas veces alcanzaban tanto bailarines como músicos ver los primeros rayos del astro rey. Al igual que la inseguridad, otros espectáculos, entre los que podemos ubicar los conciertos públicos y privados, han ocasionado que el fandango como expresión cultural haya sido dejado a un lado por los organizadores de las celebraciones taurinas, buscando así incrementos patrimoniales y olvidando el enriquecimiento de la cultura de un pueblo.

A pesar del auge de estos conciertos aún existen municipios[6] donde las celebraciones taurinas siguen siendo acompañadas por esta manifestación cultural.

Sincelejo, donde el fandango nocturno ha sido reemplazado por conciertos, es una de las principales ciudades donde se hace un homenaje a este ritmo musical; una escultura[7] y un desfile[8] hacen partes de las condecoraciones que esta urbe hace al fandango.

Amantes del baile y de la música de bandas, no dejemos perder nuestras raíces y enaltezcamos ante Colombia y el mundo, al igual que el vallenato, EL FANDANGO…Uepajeee.


[1] Estudiante de Derecho de la Universidad de Antioquia. Nacido en el Municipio de Caimito ubicado en la región del San Jorge del Departamento de Sucre. Amante de la cultura y de la música de Bandas.

[2] Esta pequeña muestra de los orígenes del fandango fue extractada de la primera edición del libro del escritor cordobés William Fortich Díaz y que lleva por título Con bombos y platillos: origen del porro, aproximación al fandango sinuano y las bandas pelayeras.

[3] Corregimiento perteneciente al municipio de Sahagún, Córdoba.

[4] Corregimiento perteneciente al municipio de Sincelejo, Sucre

[5] Municipio ubicado en la denominada región San Jorge del departamento de Sucre.

[6] Entre ellos podemos encontrar en el departamento de Sucre municipios como: Caimito y La Unión.

[7] Homenaje a las fandangueras. Escultura ubicada en la Avenida las Peñitas de la capital sucreña.

[8] Desfile de las Fandangueras. Se realiza en el marco de la celebración de la temporada taurina del 20 de enero y recorre las principales calles de la capital del departamento de Sucre.

Una respuesta a “Fandango, el encanto de la sabana

  1. Otto Ricardo-Torres

    Qué bonita obra, que sólo merece efusivas felicitaciones. Ojalá ilustraran más sus textos con paisajes rurales y fluviales, de La Solera en adelante.

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